¿Qué son los residuos electrónicos? Mucho más que aparatos viejos.

Un celular que ya no prende, una computadora que quedó obsoleta, un monitor reemplazado, una impresora descompuesta o ese cajón lleno de cargadores y cables que nadie sabe para qué sirven.

Todos tienen algo en común: pueden convertirse en residuos electrónicos.

Pero ¿qué significa realmente este término y por qué se habla cada vez más de ellos?

De manera sencilla, son aparatos eléctricos y electrónicos que han llegado al final de su vida útil, dejaron de funcionar o ya no son necesarios para quien los utilizaba.

Y la lista es mucho más amplia de lo que imaginamos.

Computadoras, laptops, celulares, impresoras, servidores, módems, teléfonos, teclados, cables, fuentes de poder y diferentes equipos de oficina pueden formar parte de este tipo de residuos.

En una empresa, basta pensar en cuántos dispositivos tecnológicos se utilizan diariamente para dimensionar todo lo que eventualmente tendrá que ser reemplazado.

¿Que hay dentro de nuestros equipos?

Aquí comienza la parte interesante.

Un dispositivo electrónico no es un solo material. En su interior podemos encontrar una combinación de metales, plástico, vidrio, cables, tarjetas electrónicas y numerosos componentes. Algunos de estos materiales pueden recuperarse y aprovecharse nuevamente.

Por eso, cuando tiramos un aparato electrónico, no necesariamente estamos desechando algo que ya no tiene valor. Estamos desechando un conjunto de materiales que todavía pueden tener otra oportunidad.

Entonces, ¿por qué no debemos tirarlos con la basura común?

Porque no todos sus componentes deben recibir el mismo tratamiento. Los equipos electrónicos necesitan ser identificados, separados y procesados adecuadamente para recuperar los materiales aprovechables y dar el destino correspondiente a aquellos que requieren un manejo específico.

Cuando terminan mezclados con otros residuos, se dificulta su aprovechamiento y pueden generar impactos negativos en el medio ambiente.

El problema que muchas veces no vemos…

La tecnología evoluciona rápidamente. Compramos equipos más nuevos, reemplazamos los que dejaron de funcionar y actualizamos dispositivos constantemente. ¿Y los anteriores? Muchas veces terminan guardados durante meses o incluso años. En las empresas esto puede significar bodegas, almacenes y oficinas ocupadas por equipos que probablemente nunca volverán a utilizarse. Pero guardarlos indefinidamente tampoco resuelve el problema. En algún momento habrá que decidir qué hacer con ellos.

De residuo a recurso.

A través de procesos de clasificación, separación y recuperación, parte de los materiales que contienen pueden volver a aprovecharse.

La próxima vez que veas una computadora vieja, mírala diferente.

¿Tu empresa tiene equipos electrónicos que ya no utiliza? Démosles el destino correcto.

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